El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo
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Siempre hay un lugar: que te hace VOLVER

Hace tiempo, demasiado quizás, que quería volver.  Sin embargo, volver no es fácil. Y cada día que dejas pasar y no vuelves adonde realmente quieres, se hace más complicada la vuelta.


Da igual si donde deseas volver es un lugar soñado,


una actividad que dejaste de hacer a pesar de que te encantaba,


un buen amigo que dejó de hablarte aún no sabes muy bien el porqué,


un amor al que no le dijiste lo que sentías y ahora le ves paseando un carrito de bebé,


un curso de fotografía que no acabaste,

estudiar o hacer deporte.
Da lo mismo. 
Al principio, te dices que mañana mismo
empiezas a ahorrar para viajar a ese sitio que tanto anhelas conocer,
que de hoy no pasa para volver a retomar esa actividad que te llenaba,
que no te vas a poner más excusas para llamar a tu buen amigo y aclarar las cosas,
que te vas a apuntar sin falta al siguiente curso de fotografía y no vas a parar de sacas fotos con tu reflex,
que te vas a matricular el septiembre que viene en la Uned y
que a partir de este lunes vas a ir al gimnasio dos veces por semana. 

Pero el tiempo pasa y no lo haces. 
No vuelves. 

Y cada vez te vas acordando con menos frecuencia
de ese destino que te morías de ganas de visitar,
tu amigo y tú ya ni siquiera os saludáis pero te ha dejado de importar,
aquel amor ha pasado a la historia de tus amores,
sigues sin estudiar lo que quieres
y sin hacer deporte. 

El paso del tiempo borra la iniciativa de volver a aquello que algún día nos motivó y, poco a poco, se van desvaneciendo las ganas de cualquier vuelta.
Por eso os decía que al inicio del post, que volver no es una tarea sencilla.
En mi caso, quería verme tecleando esta entrada en mi sofá cuando el resto de la casa duerme. Bebiendo a sorbitos mi té caliente y escribiendo.
Y por fin, ese momento ha llegado. Y ¿sabéis qué? Volver me hace sentir bien.




Una muy amiga mía, cada vez que  le contaba que me iba de viaje o que había descubierto un sitio que le iba a encantar o que me había enamorado de una vista desde un mirador, me decía:


- No me cuentes, escribe. Me debes “un SHUL”. Me debes muchos “SHUL”. Se te están acumulando… ¿Cuándo vas a volver?


Y es que hemos integrado “SHUL” a nuestro diccionario particular y ya lo utilizamos como una palabra cotidiana. Y es que SHUL es mucho más que una sección de un humilde blog.


SHUL para mí significa viajar, vivir, ver, sentir, relatar y compartir para hacer que quien lo lea viaje, viva, vea, sienta y disfrute. Y para que yo no olvide esos lugares porque mi memoria hace de las suyas.



Hoy casualidad es el cumpleaños de la amiga que os decía que me animaba a volver.
Así que este es mi regalo de cumpleaños para ella: SHUL

Y como cuando saqué esta foto fue pensando precisamente en ella porque sé que estas sillas son sus favoritas y aún no se la había enseñado, el lugar del SHUL de hoy es:

El Jardín de Salvador Bachiller
Un espacio inesperado en el centro de Madrid que seguro que no te dejará indiferente si lo visitas.

Siempre que bajamos a Madrid, nos gusta descubrir sitios nuevos. En diciembre pasamos allí un par de días y queríamos comer en algún sitio diferente. Aprovechando que un compañero de trabajo es de allí, le pedimos alguna recomendación. Y otra vez se cumplió aquello que dicen que no hay mejor guía turística que alguien local. Él nos preparó una lista de sitios imperdibles y entre ellos, estaba este curioso  establecimiento.

Y sí, la verdad es que si nuestro amigo no nos hubiera descubierto este local, difícilmente habríamos imaginado que en la cuarta planta de la tienda Salvador Bachiller de la Calle Montera, se pudiera estar al aire libre picoteando algo en un lugar rodeados de plantas y flores. Es un auténtico jardín, un pequeño pulmón urbano con una cuidada decoración. Lo cierto es que está al detalle.
Pero lo dicho, si no lo sabes, no entras porque para subir tienes que entrar en la tienda de bolsos y maletas y llegar hasta el ascensor para subir al gastrobar. 


Además, tiene una zona de terraza con un columpio y unas vistas para contemplar la city. Los que me conocéis habréis echado en falta una foto del mencionado columpio. Pues no vais desencaminados, yo quería esa foto muchísimo pero había un grupo de amigas acaparando el escenario y haciéndose miles de fotos individuales, selfies, fotos en grupo... y me di por rendida. Nos tuvimos que ir y ellas seguían con la emoción del columpio. Supongo que ellas sí tendrán una buena colección de fotos del columpio de El Jardín...jajaja

La carta de comidas es asequible y los platos de picoteo que nosotros pedimos, nachos y tacos de pollo, estaban muy muy ricos. Sin embargo, en mi opinión, lo sorprendente del sitio no es la comida sino el propio local y su decoración. Es una auténtica delicia tomar algo rodeado de naturaleza.Y es que cuando el lugar es agradable, todo sabe mejor. Y si encima estás sentado en una silla vintage de respaldo de corazón pues ya es una maravilla.

Y hasta aquí, el Siempre Hay un Lugar para VOLVER y un sitio más para recordar.


Espero seguir escribiendo y mantener viva esta Sección de viajes, lugares y recuerdos:
Hay gente que me dice:
Y ¿por qué escribes? Si no ganas nada y pierdes mucho tiempo.
Antes trataba de responder. De justificar. Nos pasamos la vida justificando absolutamente todas nuestras acciones. Es horrible.

Ahora únicamente le doy la vuelta a la pregunta.

Y ¿por qué no voy a hacerlo? Con el paso de los años he aprendido que es mejor contestar con otra pregunta que intentar dar una respuesta. Funciona.

Podría dar mil razones para escribir pero no lo voy a hacer. Simplemente voy a escribir.
Así que a partir de hoy, no sé hasta cuándo ni con qué frecuencia, Met_amor_Phosis se pone de nuevo las alas para iniciar su vuelo.

Los que ya viajabais conmigo, los nuevos y los que llegaréis. Todos sois bienvenidos. Todos.

Y a los que me habéis animado para VOLVER, gracias, gracias, gracias. De verdad. Muchas gracias.

Siempre hay un lugar: un fin de semana en Madrid

Hace tiempo que no escribo y una vez más lo he vuelto a hacer. De nuevo he vuelto a descuidar el blog. No es excusa pero últimamente he estado mucho tiempo fuera de casa entre viajes, salidas, idas y venidas. He estado a tope. Sinceramente, me acuerdo mucho de este rincón pero me ha sido imposible sacar tiempo para pasarme por aquí. A pesar de mi ausencia, aquí sigo. Y además, creo que llegan tiempos más tranquilos y podré actualizar mis entradas con mucha más frecuencia. No lo prometo pero eso espero.

Hace diez días estuve con mis amigas pasando el fin de semana en Madrid. Se está convirtiendo en una tradición visitar la capi una vez al año. Es un finde muy intenso pero lo disfrutamos tanto que ya estamos deseando volver. Esta semana me encontré con tres personas que aprovechando el festivo del 1 de mayo se van a acercar a Madrid y como sabían que habíamos estado allí, me preguntaron sitios donde habíamos estado. Les estaba escribiendo un mail pero he pensado que lo mejor era escribir una entrada en el blog y así, puede que le sea de utilidad a más gente. Al final, para preparar mis viajes yo también me nutro de otros blogs. Por lo tanto, siempre viene bien alimentar la red con opiniones y experiencias propias.

Como os he adelantado, nuestros fines de semana en Madrid son muy intensos porque en realidad, estamos muy poco tiempo y queremos exprimirlo al máximo

ALOJAMIENTO:

Hay muchísima oferta de alojamiento en Madrid y las posibilidades son infinitas. Sin embargo, desde que descubrimos la cadena de hoteles Petit Palace, siempre nos alojamos allí por tres motivos fundamentales:

-  Los hoteles tienen una ubicación inmejorable para nuestro plan de acción.
- Dispone de habitaciones quíntuples para estar todas juntas que son muy amplias, acogedoras y a buen precio.
- Se puede reservar por Booking y nos da la posibilidad de cancelar sin cargos si fuera necesario con un día de antelación.

En esta ocasión, llevábamos un listado de sitios a los que queríamos ir para no perder ni un minuto buscando restaurantes para comer o sin saber muy bien donde ir.

Desde que me lo recomendó un compañero de trabajo no hay vez que visite Madrid y no vaya a comer o cenar aquí.  Tiene algo que me gusta, no sé muy bien si es la decoración, la comida o simplemente que me siento a gusto cuando voy. Pero desde que lo descubrí siempre le hacemos un hueco en nuestra agenda. El precio no es caro y se come muy bien. Este restaurante no se puede reservar, hay que ir directamente allí y en la recepción te apuntan el nombre y el número de teléfono. Cuando se libera una mesa te llaman. No suelen tardar mucho y justo en la calle de enfrente hay una vinoteca que viene ideal para hacer la espera.

Restaurante LA MUCCA DE PEZ   


Un lugar diferente, con una decoración que querrás llevarte a casa y una cocina que cierra a la 1.30 de la mañana. ¿Qué más se puede pedir? Pues que la carta y el precio nos encajaban.


En esta última visita hemos ido a ver el musical del Rey León a la sesión de las 22.00 y decidimos que cenar antes de ir era demasiado pronto. Por lo tanto, nos recomendaron varios sitios en los que la cocina cerraba tarde y estaban cerca de Gran Vía para poder cenar después del musical. El Restaurante Lamucca de Pez fue nuestra elección y la verdad es que nos encantó.

Pensábamos que el musical duraba 2 horas y reservamos para cenar a las doce y media de la noche pero entre el descanso que hacen, salir del teatro, hacernos la foto de rigor e ir al restaurante,  llegamos cerca de la una y cuarto de la mañana (una hora ideal para cenar...)


Esta es la foto de la que os hablo en el párrafo anterior. No fue nada fácil porque hay hordas de personas ansiosas por sacarse la foto a la salida del espectáculo y hay que echarle un poco de cara para colarse entre la multitud. Afortunadamente, una de las integrantes de nuestro grupo tiene mucha gracia y un poco de "jeta" para estas cosas y conseguimos que nos hicieran la foto más deseada.

Aún así, nos atendieron estupendamente y aunque no pudimos  disfrutar de toda la carta nos sirvieron pizzas y ensaladas que estaban buenísimas. Y así de a gusto estuvimos.

Para tomar algo después de cenar....
Nos habían recomendado El Kikekeller pero como se nos hizo tan tarde cuando salimos de Lamucca justo estaban cerrándolo. Nos dio mucha pena porque tenía una pinta estupenda y nos habían hablado muy bien de este lugar. Otra visita pendiente para futuras ocasiones...

Kikekeller, un bar en la trastienda

De diario, se trata de un showroom de muebles de diseño pero de jueves a sábado, la parte de atrás funciona como un bar. Es una mezcla entre galería de arte, tienda de diseño y bar-coctelería. La decoración interior es lo que más llama la atención. Y lo más típico allí es beber cervezas de importación belgas, inglesas, japonesas, checas, irlandesas o alemanas. Un lugar original que sin duda no deja indiferente al visitante.


Del Kikekeller nos fuimos directas a la segunda opción que nos habían recomendado en la zona, El Fabuloso. Nos encontramos con un bar temático ambientado en los años 50-60 muy molón. En el mobiliario se mezclan mesas, sillas vintage y muebles pop. La música que ponen va acorde con la época. El ambiente es auténtico así que no me extraña que nos comentaran que se ha convertido en uno de los locales de moda de la ciudad. 

Para picar algo.........
Mercado de San Ildefonso 



En anteriores visitas habíamos ido  siempre al Mercado de San Miguel  a media tarde del sábado después de nuestra ruta de Shopping obligatoria a reponer fuerzas y comer unos pintxos en los puestos  del mercado. 

Cierto es que nos encanta ir pero esta vez nos habían hablado de otro espacio culinario que está situado en Fuencarral (nuestra zona de compras) y decidimos darle una oportunidad. No nos defraudó. De hecho, personalmente el estilo me gustó mucho más porque es más moderno. En su web se definen como un nuevo concepto de Street Food Market inspirado en otro mercados que se pueden encontrar en Londres, New York o Bangkok. El mercado está distribuido en dos pisos y un patio al aire libre. Hay un montón de puestos que ofrecen gran variedad de comidas y es un lugar muy agradable. En la web de Megustamibarrio nos dan 12 buenas razones para visitarlo.

Terraza del centro de fitness Gymage


Esta terraza la descubrí en Instagram y no veía el momento de ir a Madrid para subir a tomar algo al ático de un curioso centro de fitness ubicado en la calle Luna. Fuimos hasta allí pero justo estaba en obras y no pudimos disfrutarla. Los que vayáis a pasar el puente vais a tener más suerte que nosotras porque ya está abierta de nuevo. 

Gymage Theater


Como la terraza estaba cerrada, nos quedamos tomando algo en la planta baja que también nos resultó un espacio muy agradable. Una decoración moderna entre palmeras en pleno centro de Madrid y que a las noches se convierte en restaurante con espectáculos.

Terraza del Gourmet Experience del Corte Inglés de Callao


En la última planta del Corte Inglés de Callao está el espacio gastronómico de Gourmet Experience y su famosa terraza desde donde se puede disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad. La foto más sacada es la del emblemático Edificio de Capitol (Schweppes). Fuimos allí a comer el domingo y nos gustó mucho porque hay diferentes puestos (sushi, hamburguesas, platos combinados....) y cada una pudo elegir lo que más le apeteció. Se compra la comida y puedes comerla en las mesas que hay en el interior o salir a la terraza y comer al aire libre disfrutando de las vistas.

Para la mañana del domingo.....

La última vez fuimos al "Rastro", el mercadillo por antonomasia de Madrid, a pasar la mañana del domingo. Esta vez buscábamos algún mercadillo alternativo y buscando por la red lo encontramos. Además, a falta de uno estuvimos en dos.

Mercado de motores

Nos coincidió la vuelta del Mercado de Motores después de 4 meses de estar cerrado. Este mercadillo "vintage" y de segunda mano se celebra en el Museo del Ferrocarril. Es fácil imaginar el encanto que tiene pasear entre los puestos y los diferentes trenes que hay expuestos. Una estación  preciosa llena de trenes, muebles de segunda mano, ropa añeja, artesanos, ilustradores... Es una auténtica maravilla.

Además de pasear entre los distintos puestos, los visitantes también pueden disfrutar de la terraza del Mercado y descansar comiendo y bebiendo algo en los puestos que hay fuera y ofrecen comida. A mí me pareció una pasada. La próxima edición es el 9 y 10 de mayo. Si os coincide y os gustan este tipo de eventos, es totalmente recomendable.


Mercadillo del gato

Nada tiene que ver con el Mercado de Motores pero igualmente nos encantó. De hecho, todas compramos algo en alguno de sus puestos... Se celebra en el Hotel The Westin Palace y alberga un montón de expositores con ropa de autor, complementos, productos handmade, costura creativa, joyería, arte... Una verdadera delicia para nosotras pasear entre los puestos.


Y hasta aquí dio de sí nuestro finde en Madrid. Estamos deseando volver a descubrir nuevos sitios o repetir algunos de los que aparecen en el post de hoy que no pudimos ver pero me parece que lamentablemente, hasta el año que viene ya no nos toca volver.

Que disfrutéis mucho del puente!











Siempre hay un lugar: Valle de Lot


Hace tiempo que no publico Post en la Sección de Viajes. Y no por falta de ganas porque es la temática del blog que más me gusta compartir con vosotros. Y además, sé por vuestros comentarios que también es vuestra sección favorita. Es más por falta de tiempo. Cuando regreso del viaje no lo hago, ya sabéis que soy una procrastinadora nata, y, luego me cuesta recordar los nombres de los sitios visitados, las experiencias vividas, elegir las fotos.... y convertir todo en un relato del viaje.


Esta semana he conseguido gracias a este insomnio que se ha instalado de manera permanente en mi mundo, despertarme de madrugada para no volver a dormir y poder contar el primer viaje que hicimos este 2015. (No hay mal que por bien no venga)

Todos los años, el día 1 de enero nos gusta irnos unos días para empezar el año con buen pie, o mejor dicho, con una buena ruta. Es ya una tradición. Es como si nos augurara un año de muchos viajes empezar el año viajando. Así que un poco cansados de la Nochevieja pero con mucho gusto cogemos nuestras maletas y nos ponemos en ruta. Este año hemos elegido nuestro país vecino para empezar el 2015.

Hoy en Siempre hay un lugar: 

VALLE DE LOT

El Valle de Lot está ubicado en la Región de Midi-Piriéneés y antes de empezar a buscar destino para nuestro primer viaje del año, desconocíamos por completo de su existencia. Nos decantamos por visitar este precioso valle porque el año pasado estuvimos en su vecina región de la Dordoña y nos encantó la zona. 

Estos fueron los pueblos que visitamos en nuestro viaje a la France:

Agen - Moissac - Montauban - Cahors - Saint Cirque Lapopie - Albi

Salimos de San Sebastián después de la comida de Año Nuevo con el estómago bien lleno como para sobrevivir varios días sin comer bocado y el cansancio acumulado de la noche anterior. Aún en estas condiciones, llegué emocionada tras 3 horas de viaje a Agen, nuestra primera parada en el camino. Sabía que me esperaban cuatro días descubriendo nuevos lugares.


M  O  I  S  S  A  C


Moissac fue nuestro primer lugar a visitar. Esta pequeña ciudad, rodeada de viñedos, es un lugar muy agradable para pasear. 

Moissac es etapa del Camino de Santiago y  tanto peregrinos como turistas pueden disfrutar de la famosa Abadía de Saint Pierre, lugar destacado de arte románico en Francia y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. También Moissac es paso de la ruta del Canal de Garona y el Canal du Midi que forman la Ruta "Entre Dos Mares" y que permite cruzar en bici desde Burdeos hasta Séte, uniendo el Atlántico con el Mediterráneo. 

Lo típico y lógico hubiera sido poner una foto de la Abadía de Moissac (lo más representativo de la ciudad). Sin embargo, a mí me encantó esta escultura de las tejedoras con sus chiquillas. Así de simple soy.


M  O  N  T  A  U  B  A  N 



A media tarde llegamos a Montauban, capital del Departamento del Tarn-Garonne y la segunda ciudad de la región Midi-Pyrinées con cerca de 60000 habitantes. Hoy en día, Montauban es una tranquila urbe pero paseando por sus calles, te das cuenta de la importancia que tuvo en la Región durante siglos.


Esta ciudad está muy bien considerada por su estilo de vida. De hecho, a las cinco y media de la tarde de un 2 de enero, se veía mucha gente, había actividad comercial y las calles estaban animadas (lo destaco porque así como en España sería de lo más normal, en Francia no es habitual). 
En nuestra visita, además de pasear por las calles de Montauban aún decoradas con motivos navideños, vimos la Catedral de Nôtre Dame, la Place Nationale y el Puente Viejo. 
Sin ser un lugar espectacular, la parte antigua nos agradó mucho.


C  A  H  O  R  S


A la mañana siguiente llegamos a  Cahors, la capital del Valle de Lot. En Cahors, hay varios atractivos turísticos pero lo preferidos por los turistas sin lugar a dudas son el Puente de Valentré y la Catedral de Saint-Etiénne (ambos son Patrimonio de la Humanidad).


Se dice que en Cahors todas las calles, caminos..... 


.... avenidas y paseos siempre van a parar al Puente de Valentré, un puente del siglo XIV sobre el río Lot, que preside la ciudad con sus tres majestuosas torres fortificadas.


Yo no sé si será cierto que todos los caminos llevan al Puente de Valentré pero si doy fe que la noche  que llegamos no encontrábamos el alojamiento y pasamos no menos de media docena de veces por el mismo. Así que es probable que la leyenda lleve razón...


Pero nosotros no vamos a recordar Cahors por su puente, lo haremos por sus ostras. Sí, por sus ostras. 
Junto a la Catedral entramos a tomar algo a un pequeño bar y con el café (supongo que por ser Navidad) nos regalaron un plato hasta arriba de ostras (yo no probé ni una pero sé de uno que se puso las botas...y siempre se acordará de Cahors por sus ostras). 

Los viajes son experiencias y muchas veces olvidamos los monumentos que visitamos, nombres de calles, nombres de lugares visitados, pero las experiencias vividas se quedan en nuestra memoria.



S  A  I  N  T -  C  I  R  Q  U  E   L  A  P  O  P  I  E


Con esta imagen no hace falta aclarar por qué este pueblo medieval es uno de los 25 de casi 30000 pueblos que hay en Francia que ostentan la distinción de los Pueblos más bellos de Francia ( Le Plus Beaux Villages de France).

A media tarde llegamos a la joya de la corona de nuestro primer viaje de 2015. Había visto muchas fotos antes de ir pero cuando íbamos subiendo la carretera y lo vimos en directo fue realmente maravilloso. Saint-Cirque Lapopie es espectacular.


Nos paramos con el coche antes de llegar hasta el pueblo para sacar  fotos y fotos. Todas las fotos del mundo me parecían pocas para captar la belleza del paisaje.



Un pueblo medieval ubicado al borde de un gran acantilado que cae al río Lot. Un pueblo de cuento del que no te quieres ir. Un lugar al que estoy segura que voy  a volver. Así fue para mí la visita a Saint-Cirque Lapopie.



Pasear por sus calles empedradas observando las fachadas góticas y las puertas fortificadas. Las terrazas y los tejados. Las tiendas, restaurantes, cafeterías. Las vistas desde el castillo en ruinas. Todo. Todo Saint-Cirque Lapopie es precioso. 

No me extraña que haya sido y siga siendo un lugar de inspiración para muchos artistas.



Mi chico lo definió muy bien cuando lo vio. Es demasiado bonito "para ser de verdad". 
Y así es, parece de mentira, un decorado para una película. 


A  L  B  I 

La última parada de nuestro viaje fue Albi, conocida como la ciudad de Arcilla al estar la mayor parte de sus edificios revestidos de ladrillo. También le llaman la ciudad roja.
 Está situada a los pies del río Tarn, sobre el que destaca el "Pont Vieux", Puente Viejo, que originalmente era de piedra y después fue revestido de ladrillo.


Albi se creó con los cátaros y tiene un interesante pasado de rebeldía religiosa. Los cátaros o albigenses, tenían la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos, uno espiritual creado por Dios y otro material creado por Satán. Según ellos, el Reino de Dios no es de este mundo, es espiritual. Y por lo tanto, lo físico, como el mundo material, las guerras y la Iglesia Católica lo había creado Satán. 

Evidentemente, no duró demasiado esa creencia que estaba expandiéndose en la zona de Albi, Toulouse y alrededores,  porque la Iglesia Católica se encargó de erradicar violentamente ese "pensamiento hereje" de los cátaros mediante las cruzadas en el siglo XIII. Poco a poco el catarismo se fue debilitando hasta extinguirse a finales del siglo.

Si algo llama la atención en Albi, es la inmensa Catedral de Albi "Santa Cecilia". Es la mayor catedral de ladrillos del mundo, una auténtica obra maestra que muestra el poder de la Iglesia Católica durante las cruzadas. Impone mucho porque tiene un aspecto totalmente defensivo y militar pareciendo una fortaleza en lugar de una catedral.


Otro de los lugares a destacar de la Ciudad de Arcilla es el Palacio de La Berbie y sus jardines. Es uno de los más antiguos y mejor conservados de Francia. Alberga el Museo Toulouse-Lautrec (uno de los artistas más célebres del país) y donde se pueden ver más de 1000 obras del artista. Entre ellas los famosos carteles para el Moulin Rouge.
 Os suenan, ¿verdad? Mi favorito siempre fue el del Gato Negro.




Para acabar la visita en Albi es imprescindible pasear por su casco antiguo,  es uno de los barrios mejor conservados del mundo que ha permanecido inalterado durante siglos. Una auténtica delicia.



Y con esta última foto al más típico estilo de "De dónde está Wallly?" acaba nuestro viaje por el Valle de Lot. 

Espero que hayáis disfrutado de nuestro primer SHUL (Siempre hay un lugar) de 2015.

Gracias por leerme!

Siempre hay un lugar: Isla de Ré

Si me hubieran preguntado hace dos semanas si tenía pensado conocer el destino que protagoniza hoy nuestra sección de viajes del blog habría dicho que no. Sinceramente, una serie de impedimentos para viajar a otros destinos que tenía previstos, me han llevado hasta Ré. Es más, habría tenido que hacer memoria para ubicar esta isla en el mapa francés. Había escuchado hablar de esta isla antes. Sí. Incluso había estado muy cerca de ella en dos ocasiones visitando La Rochelle.
Sin embargo, nunca había cruzado el puente que hace posible llegar hasta allí. 

¿Lo cruzamos juntos? 
Hoy en la sección de Siempre hay un lugar viajamos a la Isla de Ré.


Este puente de 3 km, desde 1988 une la Isla de Ré a La Rochelle, manteniendo la unión de la isla al continente. Unión que obviamente no es gratuita para el turista y el peaje para pasar el puente cuesta 16€ para los coches. Afortunadamente, para los peatones y las bicis (debe ser un premio por el esfuerzo) es gratuito.

La isla de Ré se ubica en la costa francesa atlántica frente a La Rochelle, en el departamento Charente Marítimo. Es muy pequeña, tiene 30 km de largo y 5 km de ancho y en toda la isla hay 10 pueblecitos o comunas (como allí les llaman).



En este mapa que está dibujado en una pared de Sant Martin de Ré (la capital de la isla) os podéis hacer una idea de su extensión y de la ubicación de sus 10 pueblitos:

- Rivedoux Plage/Ste Marie de Ré/ La Flotte/ Le Bois Plage en Ré/ La couarde sur Mer/ Ars en Ré/ St Clément des Baleines/ Les Portes en Ré/ Loix y St Martin de Ré.

Debido al cambio de planes que nos surgió de última hora, la preparación del viaje fue muy rápida. Salíamos el día 13 agosto y dos días antes estábamos comprando los billetes de tren  de Hendaya a La Rochelle. Para el transporte no tuvimos problemas. Sin embargo, para encontrar alojamiento fue realmente complicado y bastante caro. La isla de Ré es un destino turístico muy conocido (parece que no para los spanish porque en 5 días no coincidimos con ninguno, y eso sinceramente, es muy raro), pero para el resto de ciudadanos del mundo, debe ser un típico destino vacacional. De hecho, durante el invierno viven 16000 personas mientras que en los meses de verano se decuplica llegando a los 160.000.

Para organizar el viaje en tiempo récord nos ayudó mucho la Web de Turismo de la Isla de Ré. La verdad que si os animáis a visitar la isla echádle un vistazo porque tiene toda la información necesaria para preparar el viaje.

Nosotras encontramos sitio para dormir en St Marie de Ré y desde allí iniciamos nuestra ruta para descubrir la Isla:

Saint Marie de Ré
    Aquí fue en el único sitio donde encontramos alojamiento. Es un pueblo muy pequeño y quizás, demasiado tranquilo para nuestro gusto. Si volviera a Ré me alojaría en La Flotte o St Martin que tienen más ambiente. Aún así, este pueblo nos ha dado grandes momentos en el viaje: las cenas en la pizzería y los desayunos en la boulangerie de la Plaza Mayor,  insuperables.


Desde que pisamos Ré me enamoraron las ventanas. Tengo fotos de ventanas para aburrir (de hecho, Edurne llegó a crear una gracia entorno a mi obsesión por las ventanas) pero es que me parecen tan tan bonitas..... Además, todas las ventanas de la Isla siguen la misma estética y  predominan  los mismos colores: verde, azul, turquesa y mint. Lo cual, lo hace todavía más bonito, si cabe.


El día que llegamos fuimos hasta la playa (sólo para verla como podéis imaginar por la foto porque hacía un frío terrible). Y por el camino nos encontramos con hileras infinitas de vides. Desconocíamos que esta Isla fuera de tierra de vinos. Al día siguiente dimos fe que así era. Y al siguiente, y al siguiente... Me declaro muy fan del vino rosado de la Isla de Ré.

La playa de Saint Marie es bastante salvaje. No tiene vigilancia y a pesar de ser de arena fina, no nos gustó demasiado. Eso sí, paralelo a la playa hay un camino para correr que es una auténtica maravilla.

La Flotte

Al día siguiente alquilamos las bicicletas y nos pusimos rumbo hacia La Flotte. El tiempo había mejorado muchísimo y todo indicaba que íbamos a poder disfrutar de unas horas de playa. Así fue.

Después de unos 5 km en bici viendo campos de viñas, llegamos a La Flotte. Nos encantó. Llegamos por una calle super animada llena de tiendas y ventanas. Ventanas bonitas por doquier. Un paraíso para mi cámara de fotos.

En la zona del centro de La Flotte está el puerto y allí se concentran la mayoría de restaurantes y bares del pueblo. Es una zona de mucho ambiente y decidimos comer allí los míticos "moules à la marinière" (mejillones a la marinera) que en esta zona de Francia te sirven en una cazuela y acompañados con patatas fritas por unos 10 euros. Buenísimos.

La verdad es que la entrada del mar con todos los barcos amarrados, el faro al fondo siempre en estado de espera y las terrazas alrededor dan mucho encanto al lugar. Lo cierto es que los faros desde siempre me han parecido que quedan bien. Todos. Estén donde estén. Quietos. Con o sin luz. Me encantan.

Es curioso el tema de las mareas en esta Isla. Impacta ver a todos los barcos descolocados y de un modo caótico tirados sobre la arena. Las mareas son muy fuertes y los barcos, mientras está la marea baja, quedan totalmente apoyados esperando a que vuelva el agua y les devuelva su razón de ser.



Mi obsesión por las ventanas, nos hizo ir buscando la mejor para la colección. Así fue como Edurne descubrió esta ventana. Así fue como vimos un paisaje sorprendente sin necesidad de mirarlo de frente. Y así fue como pasamos 35 minutos de reloj sacando fotos y fotos.
Jugando con el reflejo.

Los que seguís la Sección de siempre hay un lugar, sabéis que siempre elijo una foto del viaje. Sin embargo, en esta ocasión me voy a quedar con  momentos. En concreto, con tres momentos. Este, sin duda, fue uno de los tres.


St Martin de Ré

Tras la visita a La Flotte continúamos nuestra ruta hacia la capital de la Isla. La puerta de entrada con la bici a San Martín de Ré es espectacular. Sus fortificaciones y ciudadela, construidas por Vauban y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, consiguen que su historia se haga presente para el visitante.

 Continúamos hacia el centro de Saint Martin pero enseguida vimos el faro a lo lejos. Fue como un imán. Nos atrajo. Y por eso, antes de visitar le"centre village" fuimos hasta él.


Nos hicimos la foto de rigor, rectifico para no mentir, nos hicimos "las miles de fotos de rigor" y al girarnos vimos una hilera de personas subidas a asnos que llevaban pantalones...

 
Al igual que a nosotras, a todo turista que llega a Saint Martin le llama la atención la "atracción turística" típica de este lugar: paseos en burros que están vestidos con pantalones. ¿Y por qué les visten? Nos tenía intrigadas el asunto así que en cuanto mendigamos un poco de free wifi lo buscamos.  Resulta que en Ré  antiguamente se utilizaban los asnos para las tareas agrícolas y la recogida de sal en las marismas. El problema era había muchos mosquitos que atacaban sin compasión a los pobres animales, por lo que los dueños de los mismos decidieron protegerlos con unos pantalones.

Dejamos atrás los asnos y nos adentramos en el corazón de Saint Martín de Ré. La zona del puerto se asemeja bastante a la de La Flotte. De hecho, hubo un momento que pensamos que nos habíamos equivocado y estábamos en el pueblo que habíamos dejado atrás horas antes.
En Saint Martín fue donde más gente encontramos. Los restaurantes y bares estaban llenos y mucha gente estaba disfrutando de la tarde paseando por sus calles. Es realmente bonito. Nos gustó mucho.













Además, los amantes de los comics de Tintín de Hergé se verán contentos al descubrir que tienen una tienda exclusiva de su personaje favorito. A mí, de hecho,  me vino muy bien para comprar un regalillo a un aficionado de las aventuras de de Tintín.









Seguimos paseando por las callejuelas empedradas de la capital de la isla y encontrando ventanas maravillosas en las que por supuesto, no perdimos la oportunidad de sacarnos bien de fotos. Quizás nos gustaban tanto estas fotos  porque podíamos salir las dos. En los viajes de dos personas, acabas teniendo una colección de fotos individuales y son muy pocas en las que sales con tu compañer@ de viaje (por no molestar a alguien que te la saque) sólo sale o uno o el otro. O mejor dicho, el 90% de las veces siempre sale el mismo y el otro parece que no ha estado allí. Supongo que ya imagináis quién tiene el book en la Isla de Ré....

El Faro de las Ballenas
Antes de ir a Ré, había leído que una visita imprescindible era subir al Faro de las Ballenas. O lo que es lo mismo, ir a la otra punta de la isla. Nos quedaba a unos 30 km de nuestra casa. Ida y vuelta: 60 km. Sabíamos que iba a ser un poco paliza pero aún así, decidimos que si era visita obligada, bien merecía el esfuerzo. Y la recompensa, mereció.

La Couarde sur mer
 

Obviamente, por el camino hicimos varias paradas. Con la excusa de conocer los pueblos que íbamos pasando, estirábamos un poco las piernas. 

En La Couarde sur mer nos llamó la atención el embarcadero con marea baja. Parecía imposible que en unas horas pudiera subir la marea tanto.


 A la vuelta y ya casi anocheciendo, comprobamos que la imagen había cambiado por completo y  que el agua había hecho gala de su presencia haciendo flotar los barcos.







La verdad que el trayecto en bici se nos hizo muy ameno porque además de los pueblos que se atraviesan hasta llegar al faro, continuamente se ven paisajes preciosos.


Ars en Ré



Hicimos una parada en Ars en Ré  atraídas por la curiosa aguja de su iglesia que veíamos kilómetros antes de llegar. Esta aguja antiguamente, servía a los marineros como punto de guía a la costa.






Ars nos pareció un pueblo muy bonito y tranquilo. Sus calles empedradas, sus ventanas (como no) y sus casas hacen de esta villa que sea muy agradable.


Fuimos al mercado que se celebra todos los días junto al Ayuntamiento y aunque nos pareció algo caro, es muy entretenido.

Y desde Ars, continúamos el largo camino hasta el Faro de las Ballenas. Cuando lo vimos a lo lejos (aún quedaban unos kilómetros) nos dio una gran alegría. Habíamos llegado al fin del destino. Mejor dicho, a la mitad de la misión del día. Quedaba la vuelta....

Este faro, se construyó en 1854 para reemplazar a uno anterior que data de 1682 ( conocido como La torre de las Ballenas) y que como tenía un tamaño menor, no alcanzaba a dar luz suficiente.

Desde lo alto de este faro, se puede ver a su antecesor (la torre de las ballenas) además de unas vistas alucinantes.


Poder ver el mar inmenso y bello a 57 metros de altura es una experiencia que bien merece la pena  pagar las 3 euros de la entrada y subir los 257 escalones que hay hasta lo alto del faro.



Antes os he hablado de 3 momentos clave en el viaje. La subida al Faro de las Ballenas fue el segundo. No parábamos de hacer fotografías. Desde abajo, subiendo, desde arriba, bajando. Yo nunca había estado dentro de un faro y la emoción era máxima. Y una vez arriba, salimos al exterior y nos quedaba lo mejor, disfrutar de unas vistas maravillosas. Fue una muy bonita experiencia



Rivedoux Plage



El último día entero en la isla lo dedicamos por la mañana a visitar Rivedoux y disfrutar de su extensa playa. A la tarde, decidimos cruzar el puente en bici para visitar La Rochelle. Ambas lo conocíamos pero es tan bonito que estando tan cerca nos daba pena no verlo otra vez. De hecho, fue una gran decisión ir hasta allí. A la vuelta, hacia las 21.15 cruzábamos el puente en nuestras bicis camino a casa y vimos como caía el sol sobre el mar. Fue realmente espectacular. 
Además, si os habéis fijado, el puente tiene 1,5 km de subida y otro tanto de bajada. La sensación de bajar (porque la subida no fue igual de placentera) al atardecer ese kilómetro y medio, viendo el anochecer y todo lo rápido que podíamos, fue el tercer y quizás mejor momento de nuestro viaje. Edurne iba primera y le oía gritar. Gritaba de felicidad.

La Rochelle

Siempre es un placer visitar esta bella ciudad. Paser por el Vieux Port (puerto antiguo) de La Rochelle es una auténtica delicia.
Si os animáis a ir a visitar la Isla de Ré y no conocéis La Rochelle os recomendaría hacer un alto en el camino para visitarla porque es realmente bonita.
Sus fuertes, sus callejuelas, el puerto, los dos faros y la Gran Noria hacen de este lugar que sea un sitio idóneo para perderse.


Si por algo me ha fascinado esta isla es por la posibilidad que te da de recorrerla en bici. 
En este enlace os podéis descargar las pistas ciclables de la isla. Hay más de 100 km totalmente llanos y perfectamente señalizados para descubrir la isla en bici. Está todo preparado para vacaciones en bicicleta. En cada pueblo, hay varias empresas de alquiler de bici y tienen precios muy económicos. De hecho, es mucho más recomendable moverse en bici que en coche o furgo ya que en agosto, al menos, hay muchísima gente y se generan muchos atascos. Y no hace falta estar en buena forma física para hacerlo porque el terreno es llano y muy amable. Se veían desde niños hasta octogenarios recorriendo la isla en bici. Ningún problema, de verdad. 
Y con esta foto de las bicis que han formado parte importante de este viaje y en la que salimos las dos, me despido. 

Al inicio del post os he confesado que no tenía pensado ir a esta isla, que no estaba en mi listado interminable de destinos y que este viaje ha sido fruto de una serie de impedimentos de viajar a otros lugares. 

 Al final del post, os confieso que me muero de ganas por volver a la Isla de Ré.
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